India, en las tierras de Osho y Yeti – parte 2/2

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Habíamos quedado en la mitad de la historia de Manuela acerca de su vivencia en la India por 14 meses, aquí esta la segunda parte con sus consejos para backpacker y las actividades que Manuela recomiendo como las que hay que hacer

INDIA, EN LAS TIERRAS DE OSHO Y EL YETI – parte 2/2

LA “POBREZA” EN INDIA 

En India la palabra “diversidad” adquiere un sentido global y total que no cabía en mi cabeza antes de recorrer sus pueblitos medievales y megaciudades, donde hay mercados de campesinos que cobran según el acento del comprador, a pocas cuadras de centros comerciales con tiendas de diseñador y supermercados donde se encuentra cualquier corte de carne para los no vegetarianos. Es posible ver cerdos vagando frente a concesionarios de AUDI y gente que vive en la miseria más absoluta a pocas cuadras de mansiones con sirvientes y muebles importados de un lujo extremo que no vi ni en Beverly Hills.

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Los contrastes son tan fuertes, tan hermosos, y en ocasiones tan injustos, que te derrumban esa arrogancia inocente de creer haber “vivido mucho y visto demasiado”. Como el 23 de mayo de 2013, cuando a 44º centígrados hubo un corte de electricidad y sentí lo que realmente significaba tener “calor”, o la primera vez que tomé sola el metro desde Haus Khaz Village hasta Gurgaon y 30 pares de manitos me suplicaban por una moneda. La mendicidad en India es un problema desbordante que parece no tener solución, y aquí viene el primer consejo que recibe cualquier extranjero: no dar ni una sola moneda, pues probablemente acabará en las manos de quienes dirigen las mafias de mendigos.

No quiero caer en el cliché pero si vieron Slumdog Millionaire o han leído Midnight Children de Salman Rushdee, la realidad es muy parecida. Es preferible regalar comida, aunque nunca será suficiente para todos los que la pidan. Las ONG son una buena opción para quienes quieren ir más allá, pero primero hay que fijarse que sean entidades reales, organizadas y responsables y haya una capacitación previa.

Ni la caridad ni los voluntariados sin preparación son soluciones reales a las problemáticas sociales, y muchas veces solo logran agravarlas.

LOS ANIMALES EN INDIA 

El límite entre lo rural y lo urbano en India es difuso; y si bien a lo largo y ancho de su territorio hay zonas futuristas habitadas por hombres y mujeres que cierran negocios en Starbucks, también hay lugares sin alcantarillado ni electricidad y familias de vacas, cabras, cerdos y micos a quienes no les importa respetar los límites.

Con los micos tuve varios encuentros y desencuentros; primero en un artículo del Indian Times que me sacó lágrimas de risa por lo absurdo de la situación, y palabras más, palabras menos, contaba los problemas de dos sectores de Chandigarh que estaban padeciendo las consecuencias del incremento de la población de micos, quienes ya no se limitaban a sus pequeñas travesuras como robarse la ropa de las cuerdas y la comida descuidada, y estaban atacando a la gente y encerrándose en sus casas para hacer de las suyas.

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Pero las cosas dejaron de ser chistosas cuando pasaron del papel a la realidad; estábamos en el Jakhu Temple de Shimla, dedicado a Hanuman, el “dios simio”, y que por supuesto estaba lleno de micos. Todo iba bien hasta que un par de ellos decidió robar las gafas de sol de la cabeza de nuestra flatmate croata. El susto fue inmenso porque nos habían advertido que estos animales pueden ser agresivos, y –como en este caso-, muchos son ladrones entrenados que quitan cámaras, billeteras y bolsos para que sus entrenadores puedan revendérselos a sus dueños originales.

La última experiencia tuve que vivirla en carne propia, atravesando el parque de mi barrio en Gurgaon, cuando huí corriendo de un grupo de micos que querían robarme el almuerzo. Cual barra de gamines, me hacían cambiar de camino cada vez que los veía reunidos en las rejas del parque, pero a la final no podemos culparlos, porque con la expansión de las grandes ciudades (como Delhi hacia Gurgaon, que originalmente era una villa) los intrusos somos nosotros.

DIVERSIDAD EN INDIA

India es un país de tolerancia. A pesar de la partición con Pakistán y Bangladesh y el ánimo independentista de varias regiones más, es increíble que un país tan diverso y tan grande como India se mantenga unido y en relativa paz; con 22 idiomas oficiales, una cantidad innumerable de grupos étnicos y concentraciones de extranjeros, comunidades hinduistas, budistas, musulmanas, cristianas, jainistas, sikhistas, judaistas y una larga listas de “etc”, lo único que hace posible esta cohesión es la tolerancia de unos y otros.

Si bien es cierto que hay fanáticos de todos los tipos, tensiones políticas y sociales y diferencias entre los indios tradicionales, los occidentalizados y los que tienen un poco de aquí y allá, India es un país relativamente seguro y amable con los turistas. Y aunque el shock inicial puede ser un poco fuerte incluso para los que ya tienen las mochilas gastadas de recorrer otras tierras, este es un viaje que recomiendo y del que no volverán siendo las mismas personas; a mí India se me metió bajo la piel y nunca me dejó del todo.

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DESPEDIRSE DE INDIA 

Mis últimos días en India fueron más bipolares que el clima de Bogotá. Lloraba de nostalgia, me moría de la ansiedad por estar en otros países, tenía miedo de ese saudade que iba a sentir de vuelta en Colombia, pero también unas ganas tremendas de abrazar a mi familia y tomarme un tinto de verdad verdad en esas montañas de mi infancia. Para amortiguar el golpe decidí cumplir un sueño que tenía desde los 8 años cuando leí un artículo en la revista Dini: ¡irme a Tailandia!

12200551_10153636287191970_1521824729_nViajar por Asia es relativamente fácil pero hay que tener mucho cuidado con las condiciones de entrada que cada país tiene dependiendo de la nacionalidad del viajero, y de si se va a entrar por aire o tierra; la visa de Tailandia fue un poquito enredada, mucho papeleo, solicitud de visa previa, etcétera… Mientras que la de Camboya fue el trámite más fácil que he hecho en mi vida: pedir por internet, pagar por internet, imprimir y pegar en el pasaporte.

Tailandia fue ese punto intermedio de despedirme de la que había sido mi vida durante 14 meses y pensar qué carajos iba a hacer de ahí en adelante. La terapia incluyó un reencuentro con amigas Thai, dosis peligrosas de Sticky Rice Mango y muchos MUCHOS buckets en la Full Moon Party. Camboya fue más un viaje introspectivo, en una misión exclusiva de ver Angkor Wat, y donde conocí una gente increíble haciendo cosas increíbles con sus vidas, Dur y Luis de primeros en la lista.

El siguiente paso en el Plan Retorno fue irme a deshacer los pasos en Nueva York y Pittsburgh, y recorriendo las calles de otra vida cual universo paralelo en episodio de “Los Deslizadores”. Después de eso estuve lista para el Reverse Cultural Shock versión Colombia, los huecos de la nostalgia y las mariposas de la incertidumbre y toda la payasada poética tan cursi pero tan necesaria. Hoy les escribo desde Madrid, ¡así que todo salió bien!

CONSEJOS A LO BACKPACKER Y COSAS QUE HAY QUE HACER

  • Comer momos y conocer la cultura tibetana en McLeodganj. El pueblo y sus alrededores son preciosos, hay un museo muy interesante sobre toda la historia del pueblo tibetano y el templo donde vive el Dalai Lama cuando no está viajando.
  • Paracaídismo y fiestas rave en Manali. Cuenta la leyenda que cuando el diluvio universal terminó, la barca de Noé (“Manu” para los hindúes) llegó a esta región en las montañas del Himalaya. Desde todos los ángulos, Manali es uno de los sitios más divertidos y preciosos que he visitado en mi vida, además está lleno de hippies buena onda de todas partes del mundo, templos, restaurantes y pastelerías.
  • Cabalgar en Shimla. Como la “capital de verano” de la India Británica, este pueblo a 2205 msnm parece sacado de un cuento de hadas, con su arquitectura europea, sus iglesias cristianas y esa vista espectacular cubierta de nieve en invierno. A 13 kilómetros, en Kufri, se puede cabalgar y esquiar.
  • Rishikesh: ¿Qué tienen que ver el White Rafting y los Beatles? ¡Pues que son lo mejor que hay para hacer en Rishikesh! Yo confieso que lloré del miedo bajando por el Ganges y de emoción en el Ashram abandonado donde los Beatles estuvieron meditando y escribiendo su White Album. Sí, ¡india es así de cool!
  • Yoga en las playas de Goa. ¡Y en todas partes! El yoga es una práctica que se vuelve vital y adictiva. Solo que las playas de Goa son una vaina tan increíble que la experiencia se vuelve “religiosa”. Recomiendo Ashvem Beach. 
  • Camel safari en el Desierto Thar: montar un camello, atardecer en el desierto, cena preparada en una fogata y oscuridad total para ver estrellas. ¿Convencidos?
  • Aventura mode on, nivel XTREME: Hacerse un viaje de varios días en tren. ¡No vale en primera clase! Atrévanse a montarse en un tren lleno de gente, dormir de noche en sus camarotes, compartirlos de día con los que no tienen asiento, mirar los rieles por el hueco del “baño” y comer cosas típicas de cada estación mientras admiran cómo cambia el paisaje de India de Sur a Norte o de Este a Oeste. Les aseguro que al bajarse se sentirán invencibles; ¡muertos de cansancio pero felices hasta la médula.

El Taj Mahal, Nueva Delhi, Mumbai, Rajasthan y el Templo Dorado son increíbles, pero estas son otras cosas que yo hice y disfruté con el corazón. En mi lista aún quedan lugares como Pondicherry, Andaman y Leh-Ladhak; pero como cada vez que voy a un nuevo sitio la lista crece en vez de decrecer, necesitaré un par de vidas más para hacerlo. Mientras tanto seguiré antojándome con las historias de esta comunidad de Colombiajeros. ¡Por ahí nos vemos!

India, en las Tierras de Osho y el Yeti parte 2  , la mini historia de Andrea que se fue de viajé con su novio y quedó con cero ganas de volver,  otra historia de Lis quien también vivió por 5 meses en India y siente que le cambió la vida , estamos esperando la historia de otra colombiana que estuvo en Asrham por varios meses, y por último algunas conclusiones que muchos quisiéramos saber antes de tomar la decisión de visitarla o no

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Manuela Osorio Pineda

Comunicadora Social & Periodista según el cartón de la universidad, y “fábrica inagotable de carreta” (con cariño) según la mamá. Pero la realidad me ha definido y redefinido como PR, Content Writer, Community Manager, Au pair, hostess, bartender, traductora y hasta vendedora de Oriflame en tiempos remotos.

Después de haber vivido otras vidas en Colombia, India y Estados Unidos, hoy escribo desde Madrid, entre cañas, tapas y las clases de un Máster en Economía Creativa. También cuento cuentos en Maptia mientras trabajo en el intento de blog número 5.