De Au Pairs y mochilas

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“Todos los viajes son diferentes y a pesar de los consejos de quienes ya han hecho las mismas rutas, en realidad nadie puede garantizar cómo va a ser tu experiencia ni ‘vivirla por ti’. Por mi lado, me atrevo a decir que incluso de los malos ratos quedan lecciones invaluables y hasta ahora no he conocido al primero que se haya arrepentido de viajar. Eso sí, después del primer viaje, ¡lo más probable es que no quieras parar!”

De Au Pairs y mochilas

Salí de mi casa por primera vez el 6 de Diciembre de 2012. Y con salir me refiero a dejar la comodidad de mi cuarto, de mi pequeña ciudad en las montañas cafeteras, y de mi país; una comodidad que al fin y al cabo, comienza a volverse incómoda. Éramos nueve niñas de todas partes de Colombia, todas con los ojos aguados, carta de novio en mano y una mezcla de sentimientos indescriptible que se fue disolviendo en la emoción de lo que nos esperaba.

Llegamos a Nueva York en la madrugada, muertas de hambre y a hacer las filas eternas de Inmigración; recogimos las maletas y salimos corriendo, felices de sentir por primera vez el aire norteamericano y caminar por las calles de la ciudad que habíamos transitado una y mil veces en películas y series. Para mí ese primer encuentro con Estados Unidos significaba mucho más; era independencia, era probarme a mí misma que podía hacer todo lo que me propusiera…. ¡Aunque estuviera muerta de miedo!

A través de los vidrios el cielo se veía limpio, de un azul divino; estábamos muertas de risa nerviosa, de felicidad, y cuando las puertas finalmente se abrieron para dar paso a esa primera bocanada de libertad, un ventarrón HELADO literalmente nos dio en la cara y nos enseñó el significado más crudo de la palabra FRÍO. Welcome to New York!

Y aquí vienen las primeras dos lecciones de esta historia:

  1. En Colombia es muy difícil conseguir ropa de invierno apropiada; los sacos, bufandas, guantes y medias con los que subía al Nevado del Ruiz NO sirven para enfrentar el frío de un invierno en el Hemisferio Norte (¡y me imagino que tampoco muy al sur!) Es mejor comprar algunos layers (tipo sacos y media-pantalones), botas de nieve y una chaqueta por internet, o armarse de valor, llevar algo provisional y llegar a comprar todo en una buena Department Store, como Marshall’s, Macy’s o Bloomingdale’s, donde hay muchas opciones y a muy buenos pecios.

  2. Ese frío doloroso que sentí, es también uno de los recuerdos más emocionantes que tengo; así que todo en la vida es cuestión de perspectiva.

A la salida del aeropuerto nos recogió el tipo más “malagente” del mundo y nos llevó hasta St, John University, donde conocimos el resto del grupo con el que conviviríamos cuatro días: mejicanas, ingleses, brasileros, alemanes, francesas y tailandesas. ¿Y qué hacíamos todos allá? Pues éramos la última generación de Cultural Care Au Pair del 2010. El término Au Pair es francés y significa literalmente ‘a la par’; pero se usa para nombrar a una persona que se va para otro país a vivir con una familia anfitriona y prestarle algún servicio, generalmente el cuidado de los niños. En cristiano: nos fuimos de niñeros para Gringolandia, a aprender inglés, viajar y ‘salir del cascarón’.

La semana de inducción a la vida de Au Pair fue un encuentro con muchas culturas y costumbres, un estrellón con el idioma que llevaba estudiando toda la vida y una prueba de tolerancia hacia nuevos sabores, sensaciones, ¡y hasta olores!

Recuerdo que al principio me pareció terrible que los europeos se bañaran por la noche y se levantaran al otro día a vestirse y salir, mientras los latinos preferíamos levantarnos a las 4 y media de la mañana, a congelarnos haciendo fila en las duchas, para después demorarnos una eternidad secándonos el pelo -que nunca quedaba seco del todo-y llegar tarde a desayunar,  ¡Porque además teníamos una fama de impuntuales!.. Y justificadamente… ¡Todo hay que decirlo!..  Lo más chistoso del cuento es que un año después, durante mi segundo invierno y después de haberme adaptado a la cultura americana, terminé haciendo lo mismo varias veces.

Pittsburgh--pasaporte-colombinoDespués de esos cuatro mágicos días en Nueva York, me montaron a un avión rumbo a Pittsburgh, una ciudad relativamente pequeña del estado de Pensilvania; con muchos parques, universidades y estudiantes internacionales. ¡Fue amor a primera vista aérea! Estaba nevando y se veía precioso. Aterrizamos y después de estar levemente (léase ‘MUY’) perdida y esperar un ratico, vi una señora despeinada y sonriente empujando un coche con dos monitos y disculpándose por llegar tarde; eran Emily, David y Andrew, mi host mom y host kids por ‘un año’, ¡y eso SÍ que fue amor a primera vista!

En el camino a la casa les enseñé a cantar los pollitos y esa fue mi carta de presentación con Daniel, mi host dad, un doctor californiano de papás rumanos que se la pasó enseñándome a encontrar hostales, promociones de vuelos y rutas de trenes para mis viajes mochileros.

A partir de ese día mi forma de ver la vida y mi futuro cambiaron radicalmente; los Lupash me acogieron como un miembro de más de su familia y mi tiquete de regreso programado para Diciembre de 2011 se alargó hasta Julio de 2012. Recorrí Estados Unidos de Norte de Sur y de Este a Oeste; conociendo rusos, franceses, japoneses, israelitas, indios, venezolanos, nicaragüenses, iraníes y palestinos en el camino. De todos los colores. De todas las religiones. Con historias increíbles que se mezclaron con mis clases de historia, geografía y periodismo para darme testimonios de ‘primera mano’ y una idea clara de lo masticada, reducida, parcializada y manipulada es la realidad que nos llega en los periódicos y noticieros.

La Manuela que llegó a Pittsburgh sin saber cómo pintarse las uñas o abrir una cuenta de banco, llegó a Colombia 575 días después y en versión XL; tres maletas con sobrecupo, 16 kilos de más, una cantidad inmensa de historias, amigos repartidos por el mundo, una confianza infinita y unos sueños gigantes que no dejaron espacio a los miedos y prejuicios que me llevé. Estaba feliz de ver a mi familia, de comer Bandeja Paisa y sopita de plátano frito, de parrandear en ferias y tomar Aguardiente en el Carnaval del Diablo… Pero ya no podía quedarme; tenía que seguir viendo lo que hay más allá de estas montañas.

Seis meses después de mi regreso estaba otra vez montada en un avión, pero esta vez con un destino mucho más lejano y un plan menos específico: 36 horas de vuelos entre Bogotá, Newark, Frankfurt y Nueva Delhi, para llegar al Aeropuerto Indira Gandhi a las 3 de la mañana, donde dos perfectos desconocidos que contacté en couchSurfing.org, me estaban esperando afuera con un cartelito en la mano. Pero ese es otro cuento -historia de amor incluida- para echarles después… y otro tiquete de vuelta que terminó alargándose indefinidamente.

Tips para irse de Au Pair

  • Salir del país, sobre todo a estudiar otro idioma, puede ser muy costoso y confuso; los precios de los college, los costos de los programas y la incertidumbre en cuanto a la confiabilidad de las agencias impiden que muchas personas se arriesguen a ‘dar el salto’. Sin embargo, hay muchos programas que ofrecen credibilidad, facilidades de pago y cierta estabilidad económica, como Work & Travel -que ofrece programas cortos de 1 a 3 meses para trabajar en campamentos de verano, parques de diversiones o estaciones de esquí- o agencias de niñeros como Cultural Care y Au Pair Care. La mayoría están enfocadas en Estados Unidos, aunque hay muchas que ofrecen destinos en otros continentes.
  • No voy a negar que escuché muchas historias de horror en las que las familias no hicieron sentir bien a los niñeros –¡ojo! hay agencias que también aceptan hombres-, tenían reglas muy estrictas o los niños eran insoportables, pero fueron muchas más las historias exitosas en las que ambas partes disfrutaron el intercambio cultural, y siguieron en contacto después de terminado el programa.

Ser Au Pair… Grosso modo!

Diferentes agencias tienen regulaciones y funcionamientos diferentes, pero todos los programas son más o menos así; en el caso de USA, te vas con una visa J1 de trabajo y estudio por 13 meses, que luego pueden extenderse hasta 25; la idea es que el último mes del programa sea libre para viajar. El Au Pair  trabaja 40 horas semanales (que a veces son flexibles dependiendo de las necesidades de la familia) y recibe alrededor de 200 dólares americanos semanales para gastos personales, pues la familia debe proveer acomodación, comida, celular y en muchos casos carro para transportar a los niños (que algunos podrán usar en su tiempo libre) y cierto dinero para la gasolina. Además de un bono de estudio, pues por ley debes estudiar un número de horas.

Para ser Au Pair debes cumplir con ciertas reglas; generalmente te piden que seas estudiante universitario al momento de aplicar; tener pasaporte, un nivel medio de inglés, saber manejar, no tener hijos PERO sí experiencia cuidando niños y cumplir con los requisitos que pide la embajada americana. Hay varias coordinadoras regionales en diferentes ciudades de Colombia y ellas son las encargadas de llevar tu proceso, recoger los papeles y guiarte en cada paso de la selección.

Primero haces un pago inicial para subir tu información a una plataforma online donde están los perfiles de las familias y los aspirantes, con descripciones, fotos y un video de presentación; es ahí donde las familias contactan a las personas que se ajustan con sus necesidades y se organizan entrevistas por Skype. Si todo va bien y la familia te selecciona, es tu turno de aceptarlos o rechazarlos, y si dices que sí, se hace un match oficial para comenzar el proceso de visa, terminar de pagar el costo del programa y programar la fecha de viaje.

más tips:

  • Es muy importante asegurarse de que las agencias sea serias y reconocidas en el país, eso significa que los programas pueden ser más costosos, pero la seguridad siempre debe ser una prioridad.
  • Las agencias tienen reuniones informativas; asegúrate de preguntar por pólizas de seguro y su cubrimiento, reglas, contratos y quiénes serán las personas encargadas de velar por tus derechos en la ciudad a dónde vayas; al igual que en Colombia, en cada ciudad de Estados Unidos hay Coordinadores Locales a los que puedes acudir en caso de tener inquietudes o problemas.
  • Durante las entrevistas con las familias, asegúrate de estar cómoda con el número de niños que debes cuidar, sus horarios y tus tareas; generalmente los Au Pair deben encargarse de todo lo relacionado con los niños: comida, arreglo de ropa, sus cuartos, transporte, etc… Pero nunca de tareas de aseo general de la casa, aunque se pueden llegar a acuerdos por un pago extra y como parte de la familia nunca sobra ayudar a hacer la comida una vez a la semana o lavar los platos de vez en cuando…
  • También es muy importante preguntar sobre sus reglas; si tienen algún curfew (hora de llegada) en semana o los fines de semana, si puedes recibir visitas de tus amigos, si tienen algunas normas religiosas a la hora de cocinar, vestirte para trabajar, etc… Conocer otras costumbres y sumergirse en otras culturas exige hacer cosas a las que no estamos acostumbrados, pero a la hora de vivir esta experiencia es mejor tener límites claros de parte y parte.
  • Investiga la ciudad y el área donde vive la familia; los sistemas de transporte público, las opciones de estudio específicas del lugar, si hay más Au Pairs cerca, cuáles son las leyes generales del estado y el costo de vida. Hay una familia para cada tipo de Au Pair y mientras hay quienes prefieren una persona que se involucre más con las actividades familiares, hay otros que prefieren mantener una relación más profesional; algunos prefieren las casas grandes, tranquilas y alejadas de los suburbios, mientras otros viven directamente en los centros de las ciudades, cerca al teatro, cine y vida nocturna.
  • Se vale preguntar todo y cuantas veces sea necesario para evitar malos entendidos y problemas de convivencia que lleven al rematch o cambio de familia, un proceso que puede ser complicado o terminar el programa antes de tiempo.

Biografía: ¿Y quién soy yo? 

Manuela-Osorio-Perfil

¡Hola! Soy Manuela Osorio Pineda, tengo 24 años y un cartón de la Universidad de Manizales que dice que soy Comunicadora Social y Periodista; aunque –orgullosamente- también he sido mesera, niñera, bartender, hostess, vendedora de Oriflame, traductora, profesora de Español y escritora; en Colombia, India y Estados Unidos. Amo viajar, hacer CouchSurfing, comer, tomar tinto, cocinar, parrandear y echar carreta en inglés, español o en mímica si es necesario.

Cuando no estoy viajando, trabajo de freelance, cuento cuentos en Maptia y trato de actualizar mi blog.