Bitácora de viaje – Cómo usarla

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“(…) Vale la pena arriesgar, perder el equilibrio, andar por ese borde difuso tan difuso como el espacio y el tiempo de las palabras, tan verdadero como el lenguaje del cuerpo (…) Llego a mi biblioteca con más dudas que certezas”. 

Esta frase, la leí en el Museo de Arte Contemporáneo de Salta, Argentina. Se refería a una obra: “Los mundos de OMY” de Marcela Fortuny, una pequeña muñeca que tras viajar mucho siempre retornaba a su hogar con mil preguntas que se habían ido detonando en su recorrido. Y es que viajar no te da las respuestas a nada, no es la salida para ningún problema, ni para ningún estado anímico que queremos dejar atrás. Viajar es un trayecto, es una forma de llenarnos de experiencias, de aprender a vivir el instante y de apreciarlo al punto de querer dejar cada color, sabor, olor y textura en la memoria, es un balanceo constante entre las palabras que son espíritus, el tiempo que es energía y la mente que es nuestra aliada.

Para poder crear reflexiones de mis viajes, revivir momentos y tener ese trayecto siempre ahí cuando quiera recordarlo, es decir volverlo a pasar por el corazón, decidí hacer de cada viaje una bitácora de viaje, donde voy dejando las huellas del recorrido. Todo empieza cuando decido a qué lugar quiero ir y por qué, en qué horarios son pertinentes para salir, dónde puedo comer, cómo puedo comunicarme y qué tips de seguridad debo tener en cuenta.

Hago una lista por días con mi posible itinerario, esto lo hago porque me gusta planear y tener mayor claridad para acercarme a los sitios que realmente me interesan, aunque está bien en un viaje cambiar los planes y dar paso a las derivas. Cuando llega el momento del vuelo siempre llevo mi libreta y un libro, dibujo, tomo notas, dejo la expectativa llegar a mi bitácora.

Una vez estoy en el lugar, mi libreta o bitácora de viaje siempre viaja conmigo, a comer, a turistear, hasta para la playa me acompaña, llevo también una cartuchera donde tengo lápices, colores y unas pequeñas cintas para pegar cosas interesantes que voy encontrando, por ejemplo los empaques de azúcar son una impronta de cada lugar, las servilletas, las facturas y hasta las hojas que veo en el suelo de algún jardín extranjero, tengo una gran colección de hojas, los árboles y plantas de cada lugar, hablan de su aire, de su ambiente.

bitácora-viajesTambién me gusta escribir cosas que escucho decir a la gente o sus dichos, por ejemplo en Costa Rica decir Mae es como decir Parce o en Cuba decir ¡asere chico!, es como decir ¡dale pues hermano!, escribo cosas que sé que no voy a recordar como cuanto toma un tren de Manhattan a Beacon o que el carro en el que viajé en Cuba era de 1949. Para los últimos viajes que he hecho, compré una cámara minifuji, es como una polaroid pero pequeña, esto me permite elegir momentos claves de mi viaje, los cuales voy a volver a mirar. Con esta cámara retomo los elementos análogos y tomo mayor conciencia de los verdaderos instantes que quiero capturar; escojo con delicadeza y decisión cada una de las fotos.

Algo que le da valor a cada libreta, es que siempre busco tener una o varias estampillas de los lugares que voy a visitar, vengo de una familia filatelista y tenemos una colección hermosa de estampitas, cada vez que voy a viajar esculco y me robo un par; además de esto también me encanta hacer letreritos con la Dymo, es una cinta que se troquela con una especie de tipos móviles, con esto mis papás marcaban mis cosas cuando estaba en el colegio.

Parte de la emoción de hacer mi bitácora, es ver cómo las personas se involucran con ella. Este año viajé a Cuba con 8 amigos, era increíble cómo todos pensaban en la libreta, me regalaban papelitos, querían escribir en ella, siempre decían “para la libreta de Vero”. Esta libreta ha sido de las que más me han gustado, ya que en Cuba la comunicación es precaria, no teníamos acceso a Internet ni a llamadas, por esto decidí que mi libreta es la forma en que cada persona que la vea visite La Habana y otros lugares cercanos. Hice dibujos de lo que comíamos, escribí las frases que me llamaban la atención, en las carreteras cubanas hay bastante propaganda revolucionaria y se ven frases celebres como: “Vas bien Fidel” o “Hasta la victoria siempre”, aprendí a valorar más cada instante en lugar de pensar en lo que venía después. Hacer las libretas es un proceso de meditación, solo pienso, disfrutando el aquí y el ahora de cada viaje.

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El proceso gratificante de mis bitácoras de viaje, es llegar a casa y volver a ver, recordar los instantes, reírme de las experiencias. Como diseñadora gráfica para mí la imagen es mi forma de ver el mundo, es una reflexión personal sobre el espacio y el entorno que se transforma en arte cuando las personas se relacionan con estas y las pueden interpretar e identificarse con ellas, mis libretas son arte, son una forma de socializar y dar pie a que las personas que quieran las vean, las toquen y reflexionen sobre el lugar que está allí impregnado.

Por último, si vas a hacer tu libreta de viaje, no subestimes nada, todo puede ser importante desde un volante, una colilla de cigarrillo, un portavaso o una postal que compraste en un Museo. Todo es susceptible de ser narrado visualmente.

Verónica Posada. Diseñadora gráfica.

Nota del equipo Colombiajeros: Pronto encontrarás en el mercado las libretas de Viajando Con Pasaporte Colombinano para que la lleves a todos tus viajes!.